Futuros de la educación escolar

Cerca del año 1900 se pidió a algunos artistas franceses que dibujaran lo que ellos pensaban que representaría el mundo en el año 2000. Dentro de las láminas que dibujaron hay varios absurdos, como carreras submarinas de jinetes montados en peces gigantes. Sin embargo también hay otras muy interesantes, como la de las escuelas. En la imagen de Jean Marc Cote (en la galería) se muestra un grupo reducido de niños (parece no haber niñas) muy pasivos y concentrados con una especie de audífonos y casco conectados a una máquina donde el profesor va introduciendo varios libros que se van procesando gracias al giro de una manivela por parte de un asistente.

Luego, en 1969, la revista japonesa Shōnen Sunday publicó una serie de imágenes prediciendo el impacto que tendrían los computadores en la vida del futuro para el año 1989 en el hogar, en un pabellón de cirugía y en la escuela. En este caso la imagen del autor Shigeru Komatsuzaki la escuela se ve aún más interesante. En ella se ve a los niños sentados, cada uno frente a su computador personal con pantalla táctil resolviendo ejercicios de matemáticas. En este caso la profesora está en una pantalla, posiblemente en video o transmitiendo en línea desde algún lugar remoto, pero presencialmente en la sala se encuentran unas máquinas que parecen golpear a los estudiantes cuando tienen un comportamiento inadecuado o se equivocan. Al fondo hay más máquinas, parlantes y una especie de tablero que muestra la asistencia del día y posiblemente algún tipo de puntaje del trabajo indicado en blanco.

Es importante mirar estos ejemplos en este momento, ya que actualmente hay muchas personas e instituciones prediciendo el futuro en educación escolar (o intentando hacerlo). Sin embargo, la gran mayoría de predicciones dicen más de quien las emite que de la escuela propiamente tal. Es por eso que al escuchar estas “predicciones”, es importante no asumir irreflexivamente ciertas posturas que se van configurando como verdades establecidas, como por ejemplo que el único futuro posible y deseable de la escuela es con más dispositivos electrónicos mejor conectados a internet.

La verdad es que el futuro no es algo establecido que se viene acercando a nosotros, no es algo sentenciado por un oráculo de ocurrencia inevitable. El futuro se está configurando con las acciones de ahora. El futuro no llega, se construye. Es por esto que la concepción de persona, de escuela y de sociedad que tengamos ahora, afecta el futuro. Por esta misma razón, es que no hay un futuro, sino que múltiples futuros en desarrollo.

En los ejemplos mencionados, las predicciones se centran en sólo una de las dimensiones de la escuela, manifestando una visión muy pobre del ser humano y de la sociedad. Están centradas en la tecnología para hacer más eficiente el trasvasije de información. Sin embargo, no aparece el bienestar de los niños, no aparece verlos como personas y no como seres inacabados, no aparece la colaboración entre ellos, no aparece la diversidad, no aparece el trabajo con el entorno de la escuela, no aparece la creatividad y no aparece la convivencia democrática que comienza en la escuela. Es cierto que no puede estar todo en un dibujo, pero también es cierto que hay personas que hoy siguen soñando con una escuela como la propuesta en 1969. Probablemente sin las maquinitas que golpean (esperemos), pero con las sillas individuales, las pantallas táctiles y el énfasis desmedido en el traspaso de información que luego se demuestra en un test.

Es evidente que, en esta construcción de los futuros, no todos los actores tienen el mismo peso ni los mismos intereses. Cada uno trata de llevar agua a su molino, no estando necesariamente inspirados en alguna noción de bien común. Por eso que más que ver la última vanguardia tecnológica o educativa, hay que mirar más hondo en el ser humano y en la sociedad que queremos construir, es ahí donde están los problemas y no en los dispositivos que llevan décadas disponibles, ni en la última plataforma, ni tampoco en la técnica educativa de moda. Los futuros deben estar basados en principios que puedan resistir décadas de trabajo sistemático que traspase generaciones y por eso deben ser hondos. Cuando se trata del ser humano, lo que ha durado mil años tiene más probabilidades de seguir mil más que lo que lleva cinco de durar cinco años más.

Fuente: El Repuertero

Desde la infancia, columna de Rolf Hitschfeld

Si uno es riguroso, hay poca evidencia de que la educación haya sido la palanca iniciadora de cambios a gran escala.

Es una creencia muy extendida que la educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo o para cambiar a la gente que va a cambiar el mundo. Tan de sentido común es, como probablemente errada. Si uno es riguroso, hay poca evidencia de que la educación haya sido la palanca iniciadora de cambios a gran escala, hay mucha más evidencia que temas económicos, políticos y tecnológicos han sido los generadores de dichos cambios. Nelson Mandela, a pesar de su connotada frase, lo sabía, por algo fue político y no educador.

Esto no quiere decir que la educación no importe, o que las escuelas sean meras víctimas de la sociedad. Lo que ocurre es que la relación es más complicada y que para que la creencia fuera cierta, tendríamos que cambiar nuestra concepción de lo que “cuenta” como educación y ver la experiencia diaria que tienen los niños y niñas en nuestro país en diferentes dimensiones. Ya que de lo que también hay amplia evidencia es de cómo los contextos familiares, condiciones de salud, alimentación, vivienda y acceso a recursos, afectan su educación.

Por supuesto que dichas condiciones no son una condena y diariamente se quiebra el destino, siendo superadas adversidades de todo tipo. Existen niñas, niños, jóvenes, padres, educadores y colegios que hacen un trabajo admirable. Sin embargo, esto es muy distinto a decir que en general la educación va a mejorar sin poner atención a otros temas de las experiencias diarias de los niños.

Un ejemplo reciente es el tratamiento que se le ha dado a la infancia en la pandemia. A mediados de agosto recién se les permitió salir de sus casas a los niños en cuarentena. En octubre recién se abrieron parques nacionales en nuestra región. Ese mismo mes por primera vez se habilitó en algunos lugares la alimentación de niños preparada y consumida directamente en las escuelas. Este año han caído a la mitad los controles de “niño sano”. En casi el mismo porcentaje han caído las denuncias de agresiones sexuales, lo que no es una buena noticia en un país en el que ya en 2012 cerca del 9% de los niños y niñas reportaban haber sufrido agresiones sexuales. ¿Quién de nuestras autoridades ha dirigido un solo mensaje a los niños en estos casi 10 meses?

Qué importante y profundo sería que en distintos temas se empezara a mirar más desde los niños y sus experiencias. Poner a las niñas y niños al centro en otras áreas, ampliando lo que “cuenta” como educación, no significa trabajar para que ellos no enfrenten contradicciones y todo les sea fácil, pero es entender que la vida ya es suficientemente complicada como para que además se le dificulte la vida artificialmente por el hecho de invisibilizarlos o postergarlos.

Bajar del trono a la educación como “el arma más poderosa para cambiar el mundo” no es una afrenta a los educadores ni a las instituciones educativas. Por el contrario, es quitarles una mochila tan injusta como falaz, para centrarse en la experiencia de la infancia y en cómo nos hacemos cargo de mejorarla desde múltiples dimensiones al mismo tiempo. Incluida, por supuesto, la escuela, con todas sus responsabilidades.

 

Fuente: El Repuertero

¿A qué van los niños a la escuela?

La evidencia disponible indica que para que haya mejora en las escuelas, hay que perseverar en políticas bien delineadas, por tiempos largos que solo son sostenibles por amplios consensos.

En una columna anterior mencioné la falta de conversación sobre educación que hay en Chile. Siguiendo esa línea, probablemente uno de los déficits más grandes es la conversación sobre los fines de la escuela.

Se podría pensar que obviamente los fines de la escuela ya están definidos, mal que mal desde hace 100 años es obligatorio ir al colegio, es una de las líneas de mayor gasto en presupuesto nacional, y existen varias leyes y documentos que tocan el tema. Lamentablemente esto no es así. Este hecho es fácilmente constatable mediante la observación de lo que efectivamente ocurre en las escuelas un día cualquiera. Al observar, uno puede hacerse dos preguntas:

  • ¿Es posible deducir los fines a partir de las actividades que allí se realizan?
  • ¿Son aquellos fines los más deseables para ese niño individual y para la sociedad en que vivimos?

Respecto de la primera pregunta, en muchos casos, las actividades que se realizan sirven fines confusos o no oficialmente declarados. Producto del picadillo de políticas, iniciativas, ideas, presiones, resabios antiguos, programas, novedades, modas, cosas que se ven bien y reformas, muchas escuelas lucen como árboles de navidad de actividades poco consistentes o incluso contradictorias entre sí.

En el caso de la segunda pregunta, la situación no es necesariamente mejor, ya que en algunos casos es posible identificar actividades que sirven fines que aportan poco o que incluso podrían contravenir el bien de los niños o el bien de la sociedad.

La evidencia disponible indica que para que haya mejora en las escuelas, hay que perseverar en políticas bien delineadas, por tiempos largos que solo son sostenibles por amplios consensos. El primer consenso necesario es definir a qué van a ir los niños a la escuela. Es por esto que la falta de conversación sobre los fines de la escuela se convierte en un elemento central a trabajar si es que se quiere mejorar la educación escolar en Chile en los próximos años.

Precisamente, identificar los propósitos de la escuela fue la pregunta que abrió el trabajo que, durante 7 semanas, se desarrolló junto a 22 profesores de la Región de Los Lagos en el programa Aprendizaje Creativo. Si bien existe entre los educadores un nivel relativamente alto de claridad y consenso respecto de lo que se debiese trabajar en las escuelas, el hecho de que eso pueda ser distinto a lo que se está trabajando actualmente produce contradicciones que a algunos los motiva a empujar cambios, pero para otros esta situación puede resultar muy frustrante.

Sería muy interesante continuar ese ejercicio y que los lectores compartan en los comentarios ¿A qué van los niños a la escuela? Así, de a poco, vamos empujando esta conversación tan necesaria.

Mesa de colaboración internacional sobre Creatividad y Educación.

Participamos el pasado viernes en el Encuentro de Emprendimiento y Territorios Creativos de Los Lagos, liderando una mesa de colaboración internacional junto con la ONG inglesa Creativity, Culture and Education (CCE). En esta instancia, conversamos y reflexionamos sobre la urgencia de poner la creatividad al centro de los procesos de aprendizaje, desde donde pudimos compartir parte de nuestra experiencia promoviendo el aprendizaje creativo.

Tuvimos como participantes a personas asociadas al mundo educativo formal y no formal, con quienes compartimos un taller de una hora y media donde, por medio de ejercicios y conversaciones pudimos reflexionar sobre cómo se ven las experiencias de aprendizaje significativas y profundas y cuál es el rol de la creatividad en el diseño y promoción de éstas.  

De esta manera, de manera conjunta pudimos dar cuenta de la urgencia a nivel internacional de promover espacios dentro del mundo educativo que se hicieran cargo de la creatividad como una habilidad necesaria para los niños de hoy y los adultos del futuro, tanto por permitirles ejercitar y desarrollar dichas habilidades, como también porque nos permite mejorar la calidad de los aprendizajes y promover la motivación de los estudiantes por aprender. 

Fue una increíble experiencia en la que pudimos compartir con diversas ciudades creativas de la música, pertenecientes a países como Colombia, India, Francia, Alemania, Portugal e Inglaterra; y con organizaciones que trabajan a nivel nacional en el mundo de la educación pública y privada, entre ellas, la SEREMI de Culturas, Artes y Patrimonio, Servicio Local de Educación Llanquihue y Fundación Mustakis.

CONOCE UNO DE LOS EJERCICIOS QUE REALIZAMOS EN EL TALLER.

En este ejercicio, cada uno recordó una experiencia de aprendizaje que haya sido significativa y profunda para ellos. Con esa experiencia en mente, de manera individual identificaron 7 características que fueron esenciales para que el aprendizaje haya sido significativo y profundo. Luego, cada uno compartió las características que identificó, lo que arrojó una nube de palabras con lo que llamamos los pilares del aprendizaje. Algo así como las condiciones que sostienen los procesos de aprendizaje que queremos promover. 

En este ejercicio pudimos evidenciar la diversidad de factores que influyen en los aprendizajes profundos y significativos, entre ellos, elementos que nos permiten conectar no solo desde el intelecto con aquello que aprendemos, sino que también desde las emociones, los sentidos y el movimiento y la relación con otros.

CÓMO GENERAR EXPERIENCIAS DE APRENDIZAJE QUE TENGAN ESTOS PILARES COMO SUS CIMIENTOS.

Nuestra aproximación es la clase de alto funcionamiento, por tratarse de un modelo que permite acceder al aprendizaje, justamente, desde diferentes veredas (intelectual, físico, social y emocional), promueve la motivación de los estudiantes por su aprendizaje y permite el ejercicio y desarrollo del modelo de creatividad de los 5 hábitos del pensamiento creativo: perseverancia, imaginación, colaboración, disciplina y curiosidad.

Educación: El emperador desnudo

Columna de Rolf Hitschfeld en El Repuertero

En Chile se habla poco o derechamente no se habla de educación. No de aprendizaje, no de desarrollo de los niños, no de los fines de la escuela, no del cuidado de la infancia, no del futuro que queremos construir con ellos.

Ciertamente no ha sido el virus el que desnudó al emperador, pero sí ha sido como el niño que gritó «¡Pero si va desnudo!» en la fábula de Andersen. Luego de evidenciar lo evidente, han comenzado algunos comentarios en el pueblo y el emperador sólo ha atinado a continuar con el desfile. Así como con el emperador desnudo, ha ocurrido en educación escolar este año 2020.

Leer también: ¿Qué es innovar en educación?

Cuando hablo de la desnudez del emperador, no estoy hablando de los esfuerzos de la educación remota, de los retornos, del Colegio de Profesores o del Ministro de Educación. Estoy hablando de la desigualdad, el bajo nivel de aprendizaje en Chile de colegios públicos, subvencionados y privados, la situación social de la gran mayoría de chilenos que afecta a la educación, la rigidez del sistema, la rigidez de las cabezas, la desesperanza aprendida, los propósitos mal entendidos de la escuela, el desinterés, el centralismo, la despreocupación por la infancia y la juventud, y hasta de un desdén hacia ellas.

Antes de empezar a apuntar con el dedo. Hay que preguntarse ¿Por qué llegamos a esto? Como la gran mayoría de los problemas relevantes no hay una sola causa, pero hay una que me parece fundamental. Al igual que en la fábula, tácitamente acordamos no hablarlo. En Chile se habla poco o derechamente no se habla de educación. No de aprendizaje, no de desarrollo de los niños, no de los fines de la escuela, no del cuidado de la infancia, no del futuro que queremos construir con ellos. Sí llevamos décadas hablando de economía de la educación y de logística escolar. Subvenciones, lucro, puntajes, correlaciones, SIMCE, personas jurídicas, horas no lectivas, bonos, reglamentos, leyes, horarios, fechas, prioritarios, superintendencias, PSU (ahora PDT), licitaciones, denuncias, rendiciones, sumarios, decretos y oficios.

De ninguna manera quiero decir que esas discusiones no importan. Solo quiero advertir, primero, sobre la dedicación mayoritaria a ellas y, segundo, sobre que en estricto rigor, no son el centro de la educación. Siempre es más fácil dedicar tiempo a discusiones políticamente relevantes sobre asuntos relativamente triviales, pero fáciles de entender, mientras dejamos de lado los asuntos que son mucho más importantes, pero a la vez más profundos y complejos.

Hay que vestir al emperador. Tal vez esa puede ser la lección más importante del 2020. La educación escolar debe dejar de ser en todo Chile un botín, un ring, una jaula, un colador, un instrumento, un páramo. Vistámosla para que sea de una vez lo que Gabriela Mistral llamó alguna vez La Más Alta de las Poesías. Conversemos y trabajemos.

 

Fuente: El Repuertero

Qué es innovar en educación

Innovación en educación es hacer. Es volver a las ideas profundas y llevarlas a cabo de manera sistemática.
Columna de Rolf Hitschfeld en El Repuertero
Director de Kopernikus Lab

Ocurre muchas veces que las palabras viajan más rápido que su significado. Cuando se produce esto, se vacían y devienen en meras muletillas. Eso pasa, como con muchas otras, con la palabra innovación. Uno de los efectos de esto, es la concepción de que la tecnología es el único motor de innovación. Por lo tanto si se quiere innovar en educación, hay que meter más ipads, más plataformas, más gamificación y más inteligencia artificial. Sin embargo esto eso no necesariamente tiene que ser así.

Ya la sola definición de tecnología es curiosa. Tecnología es simplemente lo que no existía cuando yo nací. Para muchos de los que lean esta columna, internet es una tecnología, no así la transmisión analógica VHF ni el motor de cuatro tiempos. Simplemente porque cuando nacieron ya había televisores o autos. ¿El bolígrafo BIC o los lápices de colores pudieron considerarse tecnología alguna vez comparado con el uso de tinta y pluma?

Esa pregunta la verdad es que importa poco. La tecnología es efímera, tanto por su misma definición como por el empuje de nuevas tecnologías. Por lo mismo en educación, tal vez a diferencia de otras áreas, el foco no debe estar en la tecnología que los niños están usando, sino en lo que los niños están haciendo. Ya sea con tecnología o sin. Si un niño se está expresando creativamente o está pensando críticamente con una docena de lápices de madera o programando algo, lo importante es su expresión y su pensamiento. Lo otro tiene que ver con gustos, recursos, afinidades, pero no es lo central.

Simplemente montar una capa de tecnología sobre un curriculum y una pedagogía antiguos, no va a generar nada bueno ni va a ser una innovación en ninguna de sus dimensiones.

Innovación en educación es hacer. Es volver a las ideas profundas y llevarlas a cabo de manera sistemática. Resulta interesante ver que lo que hoy se considera innovación, como los proyectos, el rol protagónico del estudiante, la educación para la democracia o aprender haciendo, son ideas que tienen al menos 100 años.

En educación no faltan ideas, faltan implementaciones consistentes y profundas que consideren todas las dimensiones de la escuela y no sólo las que son más fáciles de poner en un video o plataforma. Las dimensiones más fáciles de impartir con tecnología, son a la vez las más fáciles de automatizar y, por lo tanto, las menos relevantes para los niños en el futuro.

En este sentido, la tecnología es instrumental, y se deberá usar en la medida que permita trabajar bien lo que se quiere hacer. Sin embargo de ninguna manera deben estar al centro de la discusión de la innovación en educación. No se trata de ser medieval, se trata de poner las cosas en su orden correcto.

 

Fuente: El Repuertero

De Grandes para Chicos, nuevo ciclo de conversaciones (en vivo y online) con creadores de contenido infantil

3 PREGUNTAS SOBRE APRENDIZAJE & CREATIVIDAD A Marcelo Maira

Hace ya unos días realizamos la Semana Aprendizaje & Creatividad, sin embargo, no quisimos perder la oportunidad de hablar con Marcelo Maira, Director Ejecutivo de  la Fundación Educativa Creatividad, Aprendizaje & Innovación; para profundizar sobre la importancia de la creatividad en el mundo educativo y su rol, así como qué es lo que se viene.

“Nuestro sistema educativo ha explotado nuestras mentes como nosotros lo hacemos con la tierra: buscando un recurso en particular. Y para el futuro, esto no nos va a servir. Debemos re pensar los principios fundamentales bajo los que estamos educando a nuestros hijos.”
Sir Ken Robinson

¿Por qué hoy se ha vuelto tan importante la creatividad en el contexto educativo?

Desde ya hace varios años, que la creatividad ha ido poco a poco, tomando un rol protagónico en el contexto educativo. Antes de la actual pandemia, el diagnóstico de la educación a nivel global, se encontraba ya en una profunda crisis respecto de la falta de herramientas, la falta de visión, inclusión, la falta de una mayor equidad en relación a la brechas y de las oportunidades para todas y todos. O dicho de otro modo, de una real preparación y efectiva para los desafíos que el mundo hoy necesita. 

¿Cuáles son estos desafíos? ¿Por qué? Si somos directos, conscientes y honestos, los desafíos de la actualidad están directamente relacionados al daño que le hemos causado a nuestro planeta y en algunos de los casos prácticamente irreparables. Por ejemplo en nuestros ecosistemas, nuestros patrimonios, aquellos tangibles e intangibles, la relación con nuestras culturas precolombinas, el descuido de la ecología, la brutal deforestación de nuestros pulmones naturales y así una larga lista de aspectos negativos de la era moderna.

Hoy, la voracidad extrema del desarrollo económico ha llegado mucho más allá de sus propios límites Por un lado, muestra lo exitoso del sistema neoliberal capitalista – bravo, oh si! que brillante somos!- y la necesidad insaciable de que el ser humano siempre quiere lograr más y más, al costo que sea. Creyéndonos o sintiéndonos algo así como semi dioses, la verdad que esto ya no resiste análisis. 

La pregunta es ¿Cómo y por qué hemos llegado como humanidad a este punto, tan extremo? ¿Cómo es que a pesar de los tremendos esfuerzos de tantas personas brillantes que han instalado y trabajado sin parar los nuevos paradigmas respecto de la educación, base fundamental de nuestro desarrollo humano, no se ha logrado remover y realmente transformar esta visión y estas prácticas tan negativas? Las respuestas sin duda son una gran trama mega compleja, pero tal como lo decía el maestro Sir Ken Robinson, que lamentablemente se fue de este mundo hace unas semanas “la educación tradicional mata la creatividad”, si ponemos todo esto sobre la mesa, nos daremos cuenta rápidamente que esto no es mera casualidad, el tema es que ya no es posible seguir con esta mirada, esto debe cambiar ya!

Si hay una herramientas universal, que la traemos todos los seres humanos, la que nos permite la capacidad de reinventar, de curiosear, de expandir nuestros propios límites, de descubrir, de compartir las diversas miradas, de colaborar y de complementarse en esas diferencias, es la creatividad. El aprender es una de las cosas más fascinantes de la existencia, y esto es justamente lo que se ha perdido a nivel global, hoy es imperativo cambiar la forma de aprender, para esto, en primer lugar debemos “desaprender” o “deconstruir”, para luego volver a construir y aprender, puede que sea un camino largo, pero como vivimos inmersos en una sociedad donde todo lo queremos rápido y fácil, bueno, entonces la inercia de esta fuerza y los profundos intereses económicos, en cualquier parte del mundo, hacen que el cambio sea lento, casi imperceptible, en algunos lugares casi imposible, pero ocurre, es cosa de querer mirarlo, ver las diferencias y aceptarlo. 

Gracias al trabajo de miles de personas, por años de años, hoy la creatividad está situada en una de las habilidades y herramientas necesarias, incluso establecido por el Foro Económico Mundial 2019 que se celebra en Davos año tras año, que la ha puesto en su top ranking. Si hay una habilidad que nos permitirá lidiar, vivir con la incertidumbre, enfrentar los desafíos del mundo actual e ir más allá, es y será la Creatividad.

 

¿Qué papel juega la creatividad en las innovaciones que vemos hoy en la educación? 

Es el motor, es un motor que no para, que está de alguna manera en constante expansión, es nuestro espacio exterior instalado en nuestro propio cuerpo, alma y mente. La creatividad es parte de nuestra casa, es parte de nuestro cuerpo y es la herramienta que nos permitirá sacar todo el potencial de nosotros los seres humanos (no semidioses). Esto ya está estudiado y establecido por grandes pensadores, pero si los Estados realmente se preocuparan de sacar el máximo potencial creativo de cada ser humano, el mundo sería totalmente diferente. 

La cantidad de personas que por falta de “oportunidades” no logran sacar el máximo potencial de su integridad, si vemos como eso deriva en la deserción escolar y así convirtiéndose en este gran engranaje de cómo, de forma muy “exitosa”, este sistema educativo hoy obsoleto, ha logrado por generaciones de generaciones, un sistema donde mal educa a las personas. Sin duda hay excepciones, pero está claro que esto va más allá de un país o un lugar específico.

Sin creatividad, no hay innovación, la creatividad no replica, lo que aprende lo transforma, lo expande, lo entrega, lo empatiza, lo democratiza, la humanidad ha perdido tanta humanidad. Suena rarísimo, pero así como la creatividad ha ido tomando (por fin!) el lugar que merece, hoy también conceptos como la resiliencia, el vivir con la incertidumbre y frente a lo desconocido, serán elementos que nos permitirán crear sociedades más inclusivas, justas, empáticas y más amables con nuestro mundo interno y externo.

 

¿Qué horizonte de cambios vemos en la educación? ¿Qué es lo que se viene?  

La crisis de la educación es profunda y tiene larga data, la pandemia vino a visibilizar de forma brutal, sobre todo en Chile, la abismante desigualdad social. Si entendemos que la educación es la base y la madre de todas las batallas, bueno, estamos frente a una oportunidad maravillosa de poder cambiar las bases de la misma. Si hay algo que hoy tenemos claro, es que no tenemos la menor idea de que es lo que viene. Esto es sin duda inquietante, vertiginoso por decir lo menos, pero a la vez, hace que nuestra existencia esté más viva que nunca. 

La creatividad, en buena hora se ha instalado a nivel global como una de las formas de transformación social, mi anhelo sería que al menos en Chile, se lograra modificar y rebajar el horroroso mundo administrativo que tiene la docencia chilena asfixiada, esto también ya ha sido medido por varias organizaciones como Enseña Chile, Fundación 2020 entre otras. Si no logramos modificar este lastre, será muy difícil que los y las maestras de la educación tengan tiempo y energía para ocupar su creatividad y todo su ser, para mirar a sus estudiantes y sus comunidades, y sobre todo a sí mismo de un modo diferente. Mejorar la calidad de la educación se compone por una serie de actores y factores simultáneos, que sin ellos, no se logrará modificar.

Me reconozco como una persona muy crítica del actual sistema educativo chileno, pero soy un hombre optimista, y hoy, siento que la necesidad y la invitación es a ver y vivir esta mega crisis como una gran oportunidad de ir a las bases y modificar las reglas del modelo educativo. Hay que entender que la educación de todas y todos es la raíz, la base fundamental del desarrollo humano.

Veo un horizonte lleno de fuerza, energía joven y luminosa que quiere y cree que es posible vivir en un mundo mejor, con una sociedad más empática, con un sello social importante donde los derechos fundamentales sean respetados y donde todo niño y niña de nuestros país, con recursos o sin, pueda y deba tener acceso a una educación universal, inclusiva y de calidad.

Año que pasa, somos más y más profesionales apasionados y valientes, que  trabajamos diariamente por este nuevo paradigma, hoy siento que somos una gran fuerza planetaria, ¡¡hoy somos multitud!!

Ken Robinson: “Pagamos un alto precio por sacar los sentimientos de la escuela”

HA SIDO asesor del ex primer ministro británico Tony Blair y de más de una decena de Gobiernos. Millones de personas siguen sus conferencias, gestionadas por la misma agencia que supervisa las apariciones del político George W. Bush o el Nobel de Economía Joseph Stiglitz. Sir Ken Robinson –la reina Isabel II lo nombró caballero en 2003 por el fomento de las artes– es uno de los pensadores educativos más solicitados de las últimas dos décadas. Y predica un mensaje devastador para la escuela tradicional: los niños nacen con cualidades que, a menudo, el sistema entierra. Su colegio, al que llegó por casualidad, le cambió la vida.

Era un crío de rizos pelirrojos que perseguía un balón en el barrio de Walton, en Liverpool, cuando su padre sentenció: “Este niño jugará al fútbol en el Everton”. Pero la polio se cruzó en su camino. A Ken Robinson (Liverpool, 1950) lo enviaron a un centro de educación especial para los descartados del sistema, niños con problemas físicos o retrasos en el aprendizaje. En aquella clase, que él define como “un montón de individuos diferentes que recordaba a la cantina de La guerra de las galaxias”, sus profesores, Mr. Strafford y Mrs. York, fomentaron las aptitudes que lo han convertido en uno de los grandes referentes de la enseñanza y en un prolífico escritor de best sellers./

 

“La gente piensa que es una excentricidad decir que la escuela funciona como una fábrica, pero es cierto”.
Sir Ken Robinson

Ken Robinson llega sonriente a la cita en una oficina compartida a escasos metros del campus de la Universidad de California, en Los Ángeles. “Llevo muchos años aquí. Ya soy angelino”, comenta, aunque su piel pálida y su acento lo desmientan. El inglés se apoya en un bastón –tiene la pierna derecha más corta que la izquierda–, tiende una mirada brillante y enarbola un discurso rotundo: “Pagamos un precio muy alto por sacar los sentimientos de la escuela”.

Hace 15 años que vive en la megalópolis californiana. Tras dar clases en la Universidad de Warwick (Coventry, Inglaterra), recaló allí con su mujer, Terry, también de Liverpool y escritora, y con sus dos hijos, James y Kate./

El Elemento. Descubrir tu pasión lo cambia todo (Grijalbo, 2009), que se ha traducido a 21 idiomas, es su libro más conocido. Contiene las historias de éxito que desgrana en sus charlas. Habla, por ejemplo, de cómo Matt Groening, el creador de Los Simpson, encontró su camino cuando se enteró de que “había otras personas que no sabían dibujar pero vivían de ello”. O del economista Paul Samuelson, que siempre consideró los números “pura diversión”.

El éxito de Robinson está estrechamente ligado al crecimiento de las redes sociales. En febrero de 2006 protagonizó una charla TED –organización pionera en proponer un formato de conferencias breves que se difunden por Internet–, que desde entonces suma una media de 10.000 visionados diarios y roza ya los 40 millones. En aquella ponencia de 19 minutos y 24 segundos, que tituló ¿Matan las escuelas la creatividad?, cuenta la anécdota de una niña retraída que siempre pintaba en clase. “¿Qué dibujas?”, le preguntó la maestra. “Estoy pintando a Dios”, respondió. Cuando su profesora le hace entender que nadie lo ha visto nunca, ella replica: “Mejor, en cinco minutos podrán saber cómo es”./

En sus charlas defiende que bailar es tan importante como sumar. Creo que la gente que piensa que bailar no es importante, probablemente ni baila ni nunca lo ha intentado. Y lo digo en serio. Los humanos tenemos un cuerpo, no somos programas, y nuestra relación con él es fundamental para nuestro bienestar. Muchos problemas del mundo civilizado tienen que ver con la obesidad, la diabetes o la depresión. En Estados Unidos hay una generación de jóvenes que, por primera vez, puede que vivan menos que sus padres debido a enfermedades cardiacas y otras dolencias vinculadas a una dieta pobre y poco ejercicio. El sistema educativo trata la vida humana como si solo importase lo que existe entre las dos orejas. La danza está relacionada con el resto de las artes y ciencias, y yo defiendo una concepción holística de la inteligencia. Además, resulta que hay un montón de matemáticas en la danza, pregunte a cualquiera que baile profesionalmente./

En 1997, el Gobierno británico le pidió formar una comisión nacional para asesorarle sobre cómo potenciar la creatividad en la escuela de los 5 a los 18 años. ¿Ha cambiado el sistema educativo desde su informe? El Gobierno actual avanza en sentido contrario, como ocurre en Estados Unidos. Pero el de entonces, con Tony Blair de primer ministro, llevaba tiempo planteando que hacían falta cambios. El mundo evoluciona rápida y profundamente, y los sistemas educativos que funcionaban en el siglo XIX no sirven para los retos actuales. Cuando Blair llegó al poder lideró una serie de reformas que tuvieron justo el efecto contrario: más estandarización, más pruebas, un currículo menos flexible. Así que unos cuantos le dijimos que, ya que lo pregonaba, debía tomarse en serio la creatividad. Si defiendes la alfabetización y te importa que la gente aprenda a leer y a escribir, no te limitas a dejar libros a su alrededor a ver si muestran interés. Si vas en serio con la creatividad, necesitas una estrategia para impulsarla, por eso reuní a 50 personas y creamos una comisión gubernamental para diseñarla.

Robinson forma parte de una corriente de pensadores que busca transformar el sistema con innovaciones, y que se enfrenta a otra, también muy relevante, que reclama reforzar la disciplina y evaluar de forma sistemática el modelo. Rechaza la proliferación de exámenes estandarizados que se da en Estados Unidos –donde los alumnos se enfrentan a hasta un centenar de evaluaciones externas a lo largo de su vida escolar– y que está empezando a implantarse en España. Su modelo pasa por una escuela que promueva disciplinas como la danza o el teatro, y que experimente con técnicas novedosas como el aprendizaje basado en proyectos, consistente en enseñar a los alumnos a través de casos reales. Por ejemplo, montar una empresa de jabones para aprender química y economía.

Lo cierto es que han transcurrido casi dos décadas y sus ideas no han calado. Al menos no de forma mayoritaria. Bueno, es difícil saberlo. Pero llevo hablando de esto mucho más de 20 años. Empecé en 1972, cuando conseguí mi primer trabajo en educación. Y hay otros que comenzaron mucho antes: Maria Montessori, John Dewey y muchos más. Siempre ha habido expertos que han reclamado una aproximación más humana y personalizada y no un sistema que se asemeje a una cadena de producción industrial. La gente piensa que es una excentricidad decir que la escuela funciona como una fábrica, pero es cierto. Se divide en compartimentos separados, a los que la gente acude durante unas horas fijas; los días se distribuyen en bloques de tiempo y los alumnos son evaluados de forma periódica para saber si son aptos para seguir ahí. A los que no se adaptan se les responsabiliza de su fracaso, pese a que es el sistema el que les ha fallado. La gente entiende esto y cada vez hay más colegios que quieren aplicar otras teorías./

De ellos habla en su último libro, Escuelas creativas (Grijalbo). La educación es un sistema dinámico y complejo. Hablo con mucha gente y a menudo veo que han recibido una influencia positiva porque sienten que, de alguna forma, les estoy dando permiso para innovar. Trato de justificar por qué la creatividad no es un conjunto extravagante de actos expresivos, sino la forma más elevada de expresión intelectual. Así funcionan los grandes académicos. La ciencia se ha cimentado sobre un pensamiento rico, original y creativo unido al entendimiento crítico. Estas charlas han logrado abrir ese debate. Hay países enteros cambiando, como Finlandia, Corea del Sur, Singapur, Hong Kong y otras zonas de China, que ya empiezan a planteárselo./

¿Y Estados Unidos? Aún no. Al menos no a nivel nacional. Lo debaten, como hizo Inglaterra, pero luego hacen algo diferente. Afortunadamente, la educación va más allá de los discursos de los políticos. Yo trato de ayudar a la gente para que sean ellos los que modifiquen el sistema./

Usted proclama que los títulos universitarios ya no valen nada. No es que no valgan nada, es que valen menos. Cuando yo empecé en esto, si tenías un doctorado, formabas parte del 0,01% de la población mundial que lo había cursado, y ya no es así. Funciona como la inflación. Antes, una carrera era todo lo que necesitabas para conseguir un buen trabajo; ahora hace falta también un máster. ¿Dónde acaba? Supongo que dentro de unos años tendrás que ganar un Nobel para trabajar. “Ah, tienes un Nobel, qué bien. Pero ¿qué tal dominas el Excel?”. Las promesas de una buena educación superior comienzan a tambalearse. Algunos empiezan a pensar que tal vez no sea imprescindible ir a la universidad. Aunque, de momento, la pelota está en el campo de los titulados porque sus rentas son mayores que el promedio. Yo solo digo que eso está cambiando.

 

“Antes una carrera era todo lo necesario para lograr un buen trabajo. Ahora hace falta también un máster. ¿qué será lo próximo? ¿el nobel?”
Sir Ken Robinson

¿A quién perjudica el sistema actual? Cuando ves a niños a los que la escuela les da un mal servicio, que abandonan las aulas pensando que son estúpidos y acaban en las calles como pandilleros, en la cárcel, en trabajos precarios o que hunden su vida en antidepresivos y alcohol… No digo que la educación sea la respuesta a todo esto, pero creo que un mejor comienzo vital les brindaría la oportunidad de descubrir sus auténticas cualidades y elegir su camino. Esto ocurre a menudo en los buenos colegios. Hay profesores estupendos que son capaces de rescatar niños al borde del abismo y encauzarlos. Cuando digo que es una cuestión de derechos humanos no es una exageración: la gente tiene derecho a dirigir su propia vida./

En lo que Ken Robinson sí parece un auténtico angelino es en su aura de estrella. Sus charlas las gestiona la Washington Speakers Bureau, que pide un caché de entre 6.700 a 36.000 euros por conferencia. Además de figuras políticas estadounidenses, entre los representados de la agencia se encuentra el cocinero José Andrés o el expresidente José María Aznar. En 2015 le contrató Meridianos –que invitó a El País Semanal a Los Ángeles para entrevistar a Robinson–, la fundación española que busca opciones para menores marginados y que participa en la primera red europea de empleo para jóvenes exinfractores y en riesgo de exclusión social./

¿Cuál es el papel de los padres? Ahora trabajo en un libro dirigido a ellos, porque me preguntan mucho, y a veces las familias son parte del problema. Muchas de las presiones que llegan a los colegios provienen de padres angustiados por la educación de sus hijos. Otros muchos consideran que el sistema vigente está bien y piden más deberes y programas de refuerzo. Creo que les puedo ayudar porque solo conocen el modelo que vivieron ellos, y hay algunos mitos que me gustaría desterrar porque así presionarán para lograr un cambio. En Estados Unidos, los Estados están aprobando progresivamente el matrimonio homosexual, y eso hace 20 años era impensable. No estaba en la agenda, pero la gente transmitió que no tenía sentido y los gobernantes tuvieron que hacerles caso. El cambio llegó de abajo arriba, como ocurre siempre con los derechos civiles, y así es como debe transformarse el sistema./

¿Cómo educó usted a sus hijos? Me lo preguntan mucho y siempre respondo que cada niño es único. Mis chicos –el mayor, James, tiene ahora 31 años, y Kate ha cumplido 26– compartieron colegio en Inglaterra durante un tiempo. Para él era bueno, pero para ella no tanto. A James le interesa más la teoría, y a Kate, el diseño y la danza, y esa escuela era muy académica, así que decidimos cambiarla. Nos mudamos a Los Ángeles cuando ya eran adolescentes y la situación se repitió. Al final, sacamos a Kate del centro a los 16 años y la educamos en casa. Mi mujer se encargó de casi todo. Le diseñamos un programa y luego fue al colegio universitario [con titulaciones de dos años]. Lo curioso es que ahora le fascina la educación. No la hemos convencido nosotros, pero seguramente nuestra trayectoria le ha influido: dirige un proyecto del Gobierno finlandés, The HundrED, concebido para identificar los cien programas de enseñanza más innovadores del mundo.

 

Entrevista publicada el 13 de julio de 2016 por El País.

El gurú de la ENSEÑANZA CREATIVA, Entrevista a Bill Lucas

Bill Lucas, un referente de la creatividad a nivel global, vino a Chile a dar una conferencia sobre esta temática. Aquí cuenta su camino hacia la creatividad y habla de la nueva prueba PISA 2021, que él está diseñando, y que evaluará esta habilidad considerada una herramienta clave para el siglo XXI. “Hay un mito que dice que naces creativo o no. No hay ninguna evidencia para sugerir que eso sea verdad”, dice.

-No puedes pedirme: “Dime tres cosas que me van a hacer más creativo”. No hay una fórmula secreta. Pero hay algunas cosas que podría sugerirte. Pensar, por ejemplo, en las cosas que haces temprano en la mañana y probar hacer algo distinto -dice Bill Lucas, conocido como uno de los gurús de la creatividad a nivel global. Ha escrito más de 50 libros sobre el tema, es director del Centro para el Aprendizaje del Mundo Real de la Universidad de Winchester, en Inglaterra, y ha recorrido parte del mundo dando charlas y asesorías a colegios y gobiernos sobre la creatividad y la importancia del aprendizaje creativo desde la infancia.

Hay un mito que dice que naces creativo o no. No hay ninguna evidencia para sugerir que eso sea verdad
Bill Lucas

Tiene 63 años, un posgrado en educación, y a lo largo de su carrera ha dado varios vuelcos, pero siempre persiguiendo un mismo concepto: la creatividad. Dice que tiene identificado cuál fue el primer acto creativo de su vida: fue cuando tenía 33 años y el director del King’s School Gloucester, un prestigioso colegio inglés con más de 400 años de historia, tuvo que retirarse, y él fue ascendido como director subrogante.

-Me dan un ascenso y digo “quiero probar algo diferente” -dice Bill Lucas, sentando en el café del Teatro del Lago en Frutillar, donde fue invitado por la fundación Teatro del Lago, con el apoyo del Fondo de Fomento del Arte en la Educación del Ministerio de las Culturas y el Patrimonio, a dar una conferencia sobre creatividad y hacer talleres con 80 profesores.

Llevaba cerca de 10 años como profesor cuando, al llegar al cargo más alto de la escuela, armó una organización sin fines de lucro a la que llamó “Aprendiendo a través del paisaje”, sobre el aprendizaje outdoor y cómo crear espacios flexibles y agradables para el estudio.

-Ese fue mi primer acto de creatividad: saltar de un trabajo seguro a uno no seguro y empezar de cero -dice Bill Lucas. Para él, la creatividad es algo que se puede aprender.

-Hay un mito que dice que naces creativo o no. No hay ninguna evidencia para sugerir que eso sea verdad. Por supuesto que algunas cosas son heredadas, pero entre un 50 y 60 por ciento de quienes somos es por las cosas que aprendemos.

En la mayoría de sus libros, Bill Lucas se dirige a los profesores y a cómo enseñar el pensamiento creativo.

-Ya no decimos “tal vez esto funcione”. Sabemos que funciona porque sabemos que los profesores pueden hacerlo, pero se necesita un cambio de dirección, no puedes continuar haciendo siempre lo mismo, tienes que detenerte y pensar.

La OCDE definió a la creatividad como una de las habilidades necesarias para el siglo XXI, y el World Economic Forum concluyó que es clave para la fuerza laboral del futuro. Además, la prueba PISA (Programme for International Student Assessment) evaluará en 2021 por primera vez el pensamiento creativo. Y Bill Lucas es copresidente del grupo estratégico que está creando esta nueva evaluación.

-PISA le dice al mundo: “Esto es suficientemente importante” -agrega.

-De niño no quería tener nada que ver con educación -cuenta Bill Lucas.

Su padre era el director de un colegio y, aunque le gustaba enseñar, siempre estaba hablando de sus alumnos, algo que Bill no quería para él.

Cuenta que en su época escolar, aunque recibió una educación formal, tuvo la suerte de asistir a un colegio que estaba enfocado en la educación artística. Él se interesó en la música y se transformó en un estudioso del tema, además de aprender a tocar varios instrumentos. Pero al salir del colegio no tenía muy claro qué estudiar.

-Creo que esperamos que los niños sepan qué quieren hacer. Yo no tenía idea, solo sabía que quería ir a la universidad. Mi papá fue el primero de su familia en ir a la universidad, tenemos un pasado bastante pobre, por eso la educación en mi familia era vista como el camino hacia el éxito.

Entró a estudiar Lengua inglesa y Literatura en Oxford, donde comenzó por primera vez a cuestionarse la manera en que se enseñaba y se aprendía.

-Me di cuenta de que había estudiado en una escuela en la que me habían enseñado tan bien, que ni siquiera necesitaba pensar y, por lo mismo, no sabía cómo aprender algo nuevo. En esos tres años fue aprender a cómo aprender. Ahí es donde comenzó a pasar todo.

Cuando terminó su pregrado, Bill empezó a buscar trabajo y su primera opción fue hacer clases de inglés a niños en una escuela de verano. Necesitaba dinero y decidió darle una oportunidad a la enseñanza.

-Con solo estar algunos momentos ahí, me di cuenta de que mi papá tenía razón: enseñar era muy divertido y me podía comunicar con los niños. Cuando les explicaba algo, podía ver en sus caras que lo entendían. Es muy estimulante ayudar a alguien a entender algo.

Durante 10 años fue profesor y dice que siempre pensaba en los alumnos que no se veían interesados en la historia que iban a estudiar.

-En inglés veíamos poemas y les pedía a diferentes miembros de la clase que tomaran un par de versos y luego los filmaran como si fuera una entrevista de un noticiero. Incluso los estudiantes que odiaban la poesía pensaron que era entretenido. Los niños empezaron a no saber bien qué iba a pasar en las clases, lo que es genial, porque significa que conseguiste que estén interesados.

Luego de ser profesor, Bill puso su fundación “Aprendiendo a través del paisaje”. Después, cuando en Inglaterra salió elegido Tony Blair como Primer Ministro, cuyo mantra era “educación, educación, educación”, se convirtió en el director de un think tank llamado “La campaña para aprender”, donde hacían investigación tratando de cambiar las políticas públicas sobre la manera en que las escuelas trabajaban. En ese momento, dice, comenzó a interesarse en aprender cómo aprender y en el pensamiento creativo, y empezó a hacer consultorías en esos temas.

-Creo que solo se me hizo claro el poder definir la creatividad en los últimos 10 años. Hoy estoy más claro al respecto sobre qué es y qué puede hacerse en las escuelas y cómo lo desarrollas, y últimamente cómo lo evalúas.

Bill Lucas está en un salón del Teatro del Lago haciendo una presentación con la ayuda de una traductora. Frente a él, cerca de 30 profesores de diferentes liceos, escuelas rurales y colegios privados de la Región de Los Lagos lo escuchan, mientras él intenta transmitirles qué significa la enseñanza del pensamiento creativo.

-Creo que los profesores del taller de hoy estaban realmente respondiendo, algunos de manera muy activa; estaban interesados y pidieron venir mañana, otros estaban en modo de procesar -dirá Bill Lucas luego del taller.

En su libro Teaching creative thinking explica que su modelo de creatividad se sustenta en cinco hábitos: ser disciplinado, imaginativo, inquisitivo, persistente y colaborativo.

-Pasa gran parte de su tiempo recorriendo escuelas del mundo. ¿Cómo ha visto que los profesores se enfrentan a este modelo?

-El mayor desafío es cambiar la cultura de los profesores, pero de todos modos depende del contexto de la escuela, los recursos que tiene, financiera y físicamente. Lo más importante en esta ecuación es la calidad del director del colegio. Ellos crean la cultura.

-¿Por qué cree que es importante enseñar el pensamiento creativo a los niños?

-El mundo se está poniendo cada vez más complejo e impredecible. Siempre hemos querido que los niños tengan ideas, que piensen por ellos mismos y solucionen problemas, pero en estos tiempos tendrán que hacerlo aún más, y esos problemas serán cada vez más rápidos a través de internet. Necesitamos niños que puedan moverse entre disciplinas, que sean capaces de pensar cosas que no les han enseñando a pensar.

-¿Qué le recomendaría a los profesores para que preparen a sus alumnos para la evaluación de pensamiento creativo en la prueba PISA 2021?

-Que no pasen tiempo preparando a sus estudiantes para esta prueba, porque está diseñada para ser una evaluación para la que no te puedes preparar.

-Acá la educación suele preparar a los niños para las pruebas.

-También en Inglaterra… Esta mañana hablábamos sobre cómo una institución con cultura creativa puede ser también una escuela que entrega resultados para enviar a tus hijos a la universidad, ayuda a los estudiantes a desarrollar la capacidad de tener buenas ideas y a criticarlas, a trabajar con otras personas, a aprender a cómo lidiar cuando las cosas se atascan y a perseverar realmente.

-Pareciera que los padres están obsesionados con el éxito y los resultados. ¿Cómo maneja esto cuando va a escuelas?

-Las buenas universidades alrededor del mundo están diciendo que no están felices con los puntajes que reciben de las escuelas, refiriéndose a los alumnos que están seleccionando. Muchas están creando sus propias pruebas, lo que a mí parecer se asemeja mucho a una prueba de creatividad (…) En Google, por ejemplo, no están interesados en los puntajes, están interesados en quién eres tú como persona y si puedes pensar por ti mismo.

-¿Qué pasa con los adultos que no fueron educados para tener un pensamiento creativo?

-Nunca es tarde para aprenden el desafío para los adultos es que la mayoría de las veces actuamos por hábitos que hemos aprendido durante años. Entre más tiempo haya pasado desde que aprendiste el hábito más difícil es desprenderse de él. La importancia de llegar a los niños es establecer estos hábitos tempranamente, porque ellos pueden aprender cualquier cosa.

Fuente: El Sábado, El Mercurio.