El blanco, el negro y los grises de una clase

COLUMNA:

El blanco, el negro y los grises de una clase

Modelo de clase de Alto Funcionamiento para potenciar el aprendizaje creativo

Por Daniela Barrena Medel

Coordinadora Académica Colegio Kopernikus

Promover el aprendizaje creativo en nuestras experiencias de aprendizajes requiere de ambientes que intencionen, favorezcan y nutran tanto la creatividad como los aprendizajes de quienes están aprendiendo. Lo anterior parece de perogrullo, pero resulta que en la práctica, a la hora de planificar una clase, el ejercicio suele dejar fuera una serie importante de preguntas que ayudarán a visualizar lo que realmente esperamos que ocurra, aumentando las posibilidades de tener éxito y cumplir nuestro objetivo. 

De esta manera, desde Kopernikus Lab y Colegio Kopernikus proponemos aproximarnos al aprendizaje creativo a partir del modelo de Clase de Alto Funcionamiento, una forma de abordar cualquier experiencia de aprendizaje -sea esta formal o no formal- que tiene como propósito promover aprendizajes profundos y, a la vez, ejercitar la creatividad de los estudiantes, la cual entendemos desde el modelo de creatividad de los 5 Hábitos del Pensamiento Creativo.

Son 12 los atributos que, como educadores, podemos intencionar de diferentes maneras, dependiendo del grupo de aprendices con los que estamos trabajando y también dependiendo de aquello que queremos que éstos aprendan. Estos atributos se mueven en un continuo entre el alto y el bajo funcionamiento y sirven para diferentes propósitos pedagógicos.

A diferencia del típico imaginario de una buena clase, el ambiente en una Clase de Alto Funcionamiento es más bien ruidoso, activo y heterogéneo, un ambiente donde pasan muchas cosas al mismo tiempo. Habrán grupos de estudiantes reflexionando o trabajando juntos de manera colaborativa, uno que otro estará en silencio desarrollando alguna tarea o investigación asociada a la clase, y tal vez otro pueda estar conversando con el profesor. La sala no está ordenada ni vacía, hay muchos materiales a disposición, hay elementos de la vida cotidiana que tienen relación con el objetivo de aprendizaje: mapas, maquetas, globos terráqueos, figuras y mucho más ¡Una coreografía sería la manera ideal de retratar una Clase de Alto Funcionamiento! Un espacio dinámico donde los estudiantes están completamente compenetrados con la actividad.

El Modelo de Clase de Alto Funcionamiento nos resulta tremendamente útil no solo en el diseño e implementación de las experiencias de aprendizaje que facilitamos, sino que también en la reflexión y evaluación posterior de éstas. 

El desafío de incorporar este modelo a las planificaciones parece ser más grande de lo que realmente es, y los beneficios que retornará serán tremendos en términos de la motivación y compromiso que se podrá ver, tanto en los estudiantes con su aprendizaje, como en el profesor o profesora en su rol de educador. 

Los invito a descargar la Guía del Educador Creativo sobre la Clase de Alto Funcionamiento para que tengan una herramienta que les sirva de punto de partida:

Rolf Hitschfeld en De eso se trata

Estuvimos en el programa argentino De Eso de Trata para hablar de la propuesta innovadora del modelo educativo Colegio Kopernikus, el nombramiento de Frutillar como Ciudad Creativa y nuestro trabajo como Fundación en el mundo educativo en Chile y Latinoamérica.

¡Escúchala!

Futuros de la educación escolar

Cerca del año 1900 se pidió a algunos artistas franceses que dibujaran lo que ellos pensaban que representaría el mundo en el año 2000. Dentro de las láminas que dibujaron hay varios absurdos, como carreras submarinas de jinetes montados en peces gigantes. Sin embargo también hay otras muy interesantes, como la de las escuelas. En la imagen de Jean Marc Cote (en la galería) se muestra un grupo reducido de niños (parece no haber niñas) muy pasivos y concentrados con una especie de audífonos y casco conectados a una máquina donde el profesor va introduciendo varios libros que se van procesando gracias al giro de una manivela por parte de un asistente.

Luego, en 1969, la revista japonesa Shōnen Sunday publicó una serie de imágenes prediciendo el impacto que tendrían los computadores en la vida del futuro para el año 1989 en el hogar, en un pabellón de cirugía y en la escuela. En este caso la imagen del autor Shigeru Komatsuzaki la escuela se ve aún más interesante. En ella se ve a los niños sentados, cada uno frente a su computador personal con pantalla táctil resolviendo ejercicios de matemáticas. En este caso la profesora está en una pantalla, posiblemente en video o transmitiendo en línea desde algún lugar remoto, pero presencialmente en la sala se encuentran unas máquinas que parecen golpear a los estudiantes cuando tienen un comportamiento inadecuado o se equivocan. Al fondo hay más máquinas, parlantes y una especie de tablero que muestra la asistencia del día y posiblemente algún tipo de puntaje del trabajo indicado en blanco.

Es importante mirar estos ejemplos en este momento, ya que actualmente hay muchas personas e instituciones prediciendo el futuro en educación escolar (o intentando hacerlo). Sin embargo, la gran mayoría de predicciones dicen más de quien las emite que de la escuela propiamente tal. Es por eso que al escuchar estas “predicciones”, es importante no asumir irreflexivamente ciertas posturas que se van configurando como verdades establecidas, como por ejemplo que el único futuro posible y deseable de la escuela es con más dispositivos electrónicos mejor conectados a internet.

La verdad es que el futuro no es algo establecido que se viene acercando a nosotros, no es algo sentenciado por un oráculo de ocurrencia inevitable. El futuro se está configurando con las acciones de ahora. El futuro no llega, se construye. Es por esto que la concepción de persona, de escuela y de sociedad que tengamos ahora, afecta el futuro. Por esta misma razón, es que no hay un futuro, sino que múltiples futuros en desarrollo.

En los ejemplos mencionados, las predicciones se centran en sólo una de las dimensiones de la escuela, manifestando una visión muy pobre del ser humano y de la sociedad. Están centradas en la tecnología para hacer más eficiente el trasvasije de información. Sin embargo, no aparece el bienestar de los niños, no aparece verlos como personas y no como seres inacabados, no aparece la colaboración entre ellos, no aparece la diversidad, no aparece el trabajo con el entorno de la escuela, no aparece la creatividad y no aparece la convivencia democrática que comienza en la escuela. Es cierto que no puede estar todo en un dibujo, pero también es cierto que hay personas que hoy siguen soñando con una escuela como la propuesta en 1969. Probablemente sin las maquinitas que golpean (esperemos), pero con las sillas individuales, las pantallas táctiles y el énfasis desmedido en el traspaso de información que luego se demuestra en un test.

Es evidente que, en esta construcción de los futuros, no todos los actores tienen el mismo peso ni los mismos intereses. Cada uno trata de llevar agua a su molino, no estando necesariamente inspirados en alguna noción de bien común. Por eso que más que ver la última vanguardia tecnológica o educativa, hay que mirar más hondo en el ser humano y en la sociedad que queremos construir, es ahí donde están los problemas y no en los dispositivos que llevan décadas disponibles, ni en la última plataforma, ni tampoco en la técnica educativa de moda. Los futuros deben estar basados en principios que puedan resistir décadas de trabajo sistemático que traspase generaciones y por eso deben ser hondos. Cuando se trata del ser humano, lo que ha durado mil años tiene más probabilidades de seguir mil más que lo que lleva cinco de durar cinco años más.

Fuente: El Repuertero

Desde la infancia, columna de Rolf Hitschfeld

Si uno es riguroso, hay poca evidencia de que la educación haya sido la palanca iniciadora de cambios a gran escala.

Es una creencia muy extendida que la educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo o para cambiar a la gente que va a cambiar el mundo. Tan de sentido común es, como probablemente errada. Si uno es riguroso, hay poca evidencia de que la educación haya sido la palanca iniciadora de cambios a gran escala, hay mucha más evidencia que temas económicos, políticos y tecnológicos han sido los generadores de dichos cambios. Nelson Mandela, a pesar de su connotada frase, lo sabía, por algo fue político y no educador.

Esto no quiere decir que la educación no importe, o que las escuelas sean meras víctimas de la sociedad. Lo que ocurre es que la relación es más complicada y que para que la creencia fuera cierta, tendríamos que cambiar nuestra concepción de lo que “cuenta” como educación y ver la experiencia diaria que tienen los niños y niñas en nuestro país en diferentes dimensiones. Ya que de lo que también hay amplia evidencia es de cómo los contextos familiares, condiciones de salud, alimentación, vivienda y acceso a recursos, afectan su educación.

Por supuesto que dichas condiciones no son una condena y diariamente se quiebra el destino, siendo superadas adversidades de todo tipo. Existen niñas, niños, jóvenes, padres, educadores y colegios que hacen un trabajo admirable. Sin embargo, esto es muy distinto a decir que en general la educación va a mejorar sin poner atención a otros temas de las experiencias diarias de los niños.

Un ejemplo reciente es el tratamiento que se le ha dado a la infancia en la pandemia. A mediados de agosto recién se les permitió salir de sus casas a los niños en cuarentena. En octubre recién se abrieron parques nacionales en nuestra región. Ese mismo mes por primera vez se habilitó en algunos lugares la alimentación de niños preparada y consumida directamente en las escuelas. Este año han caído a la mitad los controles de “niño sano”. En casi el mismo porcentaje han caído las denuncias de agresiones sexuales, lo que no es una buena noticia en un país en el que ya en 2012 cerca del 9% de los niños y niñas reportaban haber sufrido agresiones sexuales. ¿Quién de nuestras autoridades ha dirigido un solo mensaje a los niños en estos casi 10 meses?

Qué importante y profundo sería que en distintos temas se empezara a mirar más desde los niños y sus experiencias. Poner a las niñas y niños al centro en otras áreas, ampliando lo que “cuenta” como educación, no significa trabajar para que ellos no enfrenten contradicciones y todo les sea fácil, pero es entender que la vida ya es suficientemente complicada como para que además se le dificulte la vida artificialmente por el hecho de invisibilizarlos o postergarlos.

Bajar del trono a la educación como “el arma más poderosa para cambiar el mundo” no es una afrenta a los educadores ni a las instituciones educativas. Por el contrario, es quitarles una mochila tan injusta como falaz, para centrarse en la experiencia de la infancia y en cómo nos hacemos cargo de mejorarla desde múltiples dimensiones al mismo tiempo. Incluida, por supuesto, la escuela, con todas sus responsabilidades.

 

Fuente: El Repuertero

¿A qué van los niños a la escuela?

La evidencia disponible indica que para que haya mejora en las escuelas, hay que perseverar en políticas bien delineadas, por tiempos largos que solo son sostenibles por amplios consensos.

En una columna anterior mencioné la falta de conversación sobre educación que hay en Chile. Siguiendo esa línea, probablemente uno de los déficits más grandes es la conversación sobre los fines de la escuela.

Se podría pensar que obviamente los fines de la escuela ya están definidos, mal que mal desde hace 100 años es obligatorio ir al colegio, es una de las líneas de mayor gasto en presupuesto nacional, y existen varias leyes y documentos que tocan el tema. Lamentablemente esto no es así. Este hecho es fácilmente constatable mediante la observación de lo que efectivamente ocurre en las escuelas un día cualquiera. Al observar, uno puede hacerse dos preguntas:

  • ¿Es posible deducir los fines a partir de las actividades que allí se realizan?
  • ¿Son aquellos fines los más deseables para ese niño individual y para la sociedad en que vivimos?

Respecto de la primera pregunta, en muchos casos, las actividades que se realizan sirven fines confusos o no oficialmente declarados. Producto del picadillo de políticas, iniciativas, ideas, presiones, resabios antiguos, programas, novedades, modas, cosas que se ven bien y reformas, muchas escuelas lucen como árboles de navidad de actividades poco consistentes o incluso contradictorias entre sí.

En el caso de la segunda pregunta, la situación no es necesariamente mejor, ya que en algunos casos es posible identificar actividades que sirven fines que aportan poco o que incluso podrían contravenir el bien de los niños o el bien de la sociedad.

La evidencia disponible indica que para que haya mejora en las escuelas, hay que perseverar en políticas bien delineadas, por tiempos largos que solo son sostenibles por amplios consensos. El primer consenso necesario es definir a qué van a ir los niños a la escuela. Es por esto que la falta de conversación sobre los fines de la escuela se convierte en un elemento central a trabajar si es que se quiere mejorar la educación escolar en Chile en los próximos años.

Precisamente, identificar los propósitos de la escuela fue la pregunta que abrió el trabajo que, durante 7 semanas, se desarrolló junto a 22 profesores de la Región de Los Lagos en el programa Aprendizaje Creativo. Si bien existe entre los educadores un nivel relativamente alto de claridad y consenso respecto de lo que se debiese trabajar en las escuelas, el hecho de que eso pueda ser distinto a lo que se está trabajando actualmente produce contradicciones que a algunos los motiva a empujar cambios, pero para otros esta situación puede resultar muy frustrante.

Sería muy interesante continuar ese ejercicio y que los lectores compartan en los comentarios ¿A qué van los niños a la escuela? Así, de a poco, vamos empujando esta conversación tan necesaria.

Mesa de colaboración internacional sobre Creatividad y Educación.

Participamos el pasado viernes en el Encuentro de Emprendimiento y Territorios Creativos de Los Lagos, liderando una mesa de colaboración internacional junto con la ONG inglesa Creativity, Culture and Education (CCE). En esta instancia, conversamos y reflexionamos sobre la urgencia de poner la creatividad al centro de los procesos de aprendizaje, desde donde pudimos compartir parte de nuestra experiencia promoviendo el aprendizaje creativo.

Tuvimos como participantes a personas asociadas al mundo educativo formal y no formal, con quienes compartimos un taller de una hora y media donde, por medio de ejercicios y conversaciones pudimos reflexionar sobre cómo se ven las experiencias de aprendizaje significativas y profundas y cuál es el rol de la creatividad en el diseño y promoción de éstas.  

De esta manera, de manera conjunta pudimos dar cuenta de la urgencia a nivel internacional de promover espacios dentro del mundo educativo que se hicieran cargo de la creatividad como una habilidad necesaria para los niños de hoy y los adultos del futuro, tanto por permitirles ejercitar y desarrollar dichas habilidades, como también porque nos permite mejorar la calidad de los aprendizajes y promover la motivación de los estudiantes por aprender. 

Fue una increíble experiencia en la que pudimos compartir con diversas ciudades creativas de la música, pertenecientes a países como Colombia, India, Francia, Alemania, Portugal e Inglaterra; y con organizaciones que trabajan a nivel nacional en el mundo de la educación pública y privada, entre ellas, la SEREMI de Culturas, Artes y Patrimonio, Servicio Local de Educación Llanquihue y Fundación Mustakis.

CONOCE UNO DE LOS EJERCICIOS QUE REALIZAMOS EN EL TALLER.

En este ejercicio, cada uno recordó una experiencia de aprendizaje que haya sido significativa y profunda para ellos. Con esa experiencia en mente, de manera individual identificaron 7 características que fueron esenciales para que el aprendizaje haya sido significativo y profundo. Luego, cada uno compartió las características que identificó, lo que arrojó una nube de palabras con lo que llamamos los pilares del aprendizaje. Algo así como las condiciones que sostienen los procesos de aprendizaje que queremos promover. 

En este ejercicio pudimos evidenciar la diversidad de factores que influyen en los aprendizajes profundos y significativos, entre ellos, elementos que nos permiten conectar no solo desde el intelecto con aquello que aprendemos, sino que también desde las emociones, los sentidos y el movimiento y la relación con otros.

CÓMO GENERAR EXPERIENCIAS DE APRENDIZAJE QUE TENGAN ESTOS PILARES COMO SUS CIMIENTOS.

Nuestra aproximación es la clase de alto funcionamiento, por tratarse de un modelo que permite acceder al aprendizaje, justamente, desde diferentes veredas (intelectual, físico, social y emocional), promueve la motivación de los estudiantes por su aprendizaje y permite el ejercicio y desarrollo del modelo de creatividad de los 5 hábitos del pensamiento creativo: perseverancia, imaginación, colaboración, disciplina y curiosidad.

Educación: El emperador desnudo

Columna de Rolf Hitschfeld en El Repuertero

En Chile se habla poco o derechamente no se habla de educación. No de aprendizaje, no de desarrollo de los niños, no de los fines de la escuela, no del cuidado de la infancia, no del futuro que queremos construir con ellos.

Ciertamente no ha sido el virus el que desnudó al emperador, pero sí ha sido como el niño que gritó «¡Pero si va desnudo!» en la fábula de Andersen. Luego de evidenciar lo evidente, han comenzado algunos comentarios en el pueblo y el emperador sólo ha atinado a continuar con el desfile. Así como con el emperador desnudo, ha ocurrido en educación escolar este año 2020.

Leer también: ¿Qué es innovar en educación?

Cuando hablo de la desnudez del emperador, no estoy hablando de los esfuerzos de la educación remota, de los retornos, del Colegio de Profesores o del Ministro de Educación. Estoy hablando de la desigualdad, el bajo nivel de aprendizaje en Chile de colegios públicos, subvencionados y privados, la situación social de la gran mayoría de chilenos que afecta a la educación, la rigidez del sistema, la rigidez de las cabezas, la desesperanza aprendida, los propósitos mal entendidos de la escuela, el desinterés, el centralismo, la despreocupación por la infancia y la juventud, y hasta de un desdén hacia ellas.

Antes de empezar a apuntar con el dedo. Hay que preguntarse ¿Por qué llegamos a esto? Como la gran mayoría de los problemas relevantes no hay una sola causa, pero hay una que me parece fundamental. Al igual que en la fábula, tácitamente acordamos no hablarlo. En Chile se habla poco o derechamente no se habla de educación. No de aprendizaje, no de desarrollo de los niños, no de los fines de la escuela, no del cuidado de la infancia, no del futuro que queremos construir con ellos. Sí llevamos décadas hablando de economía de la educación y de logística escolar. Subvenciones, lucro, puntajes, correlaciones, SIMCE, personas jurídicas, horas no lectivas, bonos, reglamentos, leyes, horarios, fechas, prioritarios, superintendencias, PSU (ahora PDT), licitaciones, denuncias, rendiciones, sumarios, decretos y oficios.

De ninguna manera quiero decir que esas discusiones no importan. Solo quiero advertir, primero, sobre la dedicación mayoritaria a ellas y, segundo, sobre que en estricto rigor, no son el centro de la educación. Siempre es más fácil dedicar tiempo a discusiones políticamente relevantes sobre asuntos relativamente triviales, pero fáciles de entender, mientras dejamos de lado los asuntos que son mucho más importantes, pero a la vez más profundos y complejos.

Hay que vestir al emperador. Tal vez esa puede ser la lección más importante del 2020. La educación escolar debe dejar de ser en todo Chile un botín, un ring, una jaula, un colador, un instrumento, un páramo. Vistámosla para que sea de una vez lo que Gabriela Mistral llamó alguna vez La Más Alta de las Poesías. Conversemos y trabajemos.

 

Fuente: El Repuertero

Qué es innovar en educación

Innovación en educación es hacer. Es volver a las ideas profundas y llevarlas a cabo de manera sistemática.
Columna de Rolf Hitschfeld en El Repuertero
Director de Kopernikus Lab

Ocurre muchas veces que las palabras viajan más rápido que su significado. Cuando se produce esto, se vacían y devienen en meras muletillas. Eso pasa, como con muchas otras, con la palabra innovación. Uno de los efectos de esto, es la concepción de que la tecnología es el único motor de innovación. Por lo tanto si se quiere innovar en educación, hay que meter más ipads, más plataformas, más gamificación y más inteligencia artificial. Sin embargo esto eso no necesariamente tiene que ser así.

Ya la sola definición de tecnología es curiosa. Tecnología es simplemente lo que no existía cuando yo nací. Para muchos de los que lean esta columna, internet es una tecnología, no así la transmisión analógica VHF ni el motor de cuatro tiempos. Simplemente porque cuando nacieron ya había televisores o autos. ¿El bolígrafo BIC o los lápices de colores pudieron considerarse tecnología alguna vez comparado con el uso de tinta y pluma?

Esa pregunta la verdad es que importa poco. La tecnología es efímera, tanto por su misma definición como por el empuje de nuevas tecnologías. Por lo mismo en educación, tal vez a diferencia de otras áreas, el foco no debe estar en la tecnología que los niños están usando, sino en lo que los niños están haciendo. Ya sea con tecnología o sin. Si un niño se está expresando creativamente o está pensando críticamente con una docena de lápices de madera o programando algo, lo importante es su expresión y su pensamiento. Lo otro tiene que ver con gustos, recursos, afinidades, pero no es lo central.

Simplemente montar una capa de tecnología sobre un curriculum y una pedagogía antiguos, no va a generar nada bueno ni va a ser una innovación en ninguna de sus dimensiones.

Innovación en educación es hacer. Es volver a las ideas profundas y llevarlas a cabo de manera sistemática. Resulta interesante ver que lo que hoy se considera innovación, como los proyectos, el rol protagónico del estudiante, la educación para la democracia o aprender haciendo, son ideas que tienen al menos 100 años.

En educación no faltan ideas, faltan implementaciones consistentes y profundas que consideren todas las dimensiones de la escuela y no sólo las que son más fáciles de poner en un video o plataforma. Las dimensiones más fáciles de impartir con tecnología, son a la vez las más fáciles de automatizar y, por lo tanto, las menos relevantes para los niños en el futuro.

En este sentido, la tecnología es instrumental, y se deberá usar en la medida que permita trabajar bien lo que se quiere hacer. Sin embargo de ninguna manera deben estar al centro de la discusión de la innovación en educación. No se trata de ser medieval, se trata de poner las cosas en su orden correcto.

 

Fuente: El Repuertero

De Grandes para Chicos, nuevo ciclo de conversaciones (en vivo y online) con creadores de contenido infantil